Chimpatía. Una segunda oportunidad para los primates maltratados.

Construir la vida que quieres no está reñido con respetar la de los demás. Es más, sospecho que ambas cosas han de ir de la mano.

No creo ni por asomo que satisfacer tus necesidades, ya sean esenciales o trascendentales, requiera embestir con lo cuernos por delante y los ojos cerrados, aniquilando los obstáculos, sin importar quien caiga herido. Perdone que le pise la cabeza, es que estoy persiguiendo un sueño…

Más bien al contrario, nuestra libertad solo crece en la medida que somos capaces de respetar la dignidad de los demás, y alimentarla. No por tópico es menos potente el Vive y deja vivir.

Sin embargo, venimos con una “discapacidad” innata, y es nuestra tendencia a excluir de nuestro círculo moral a aquellos que no pertenecen a nuestro grupo, “los otros”. Los que no son de nuestra tribu, clan, etnia, nación, clase… los que no son “ciudadanos” o “civilizados” (salvajes esclavizables), los que no son varones, los que no son… humanos.

los otros se les puede aplicar el estado de excepción. El respeto y la moral se pueden aparcar, estamos justificados para hacer lo que sea, hasta las mayores atrocidades… que serían inaceptable con los nuestros.

Es curioso que el concepto “humano” que ahora nos parece tan obvio haya sido tan elástico a lo largo de la historia, gracias a nuestra capacidad para ver abismos donde solo hay diferencias “cosméticas” (rasgos étnicos adaptativos, unos rituales religiosos…)

Estas diferencias se van superando a trancas y barrancas. Cada vez tenemos más claro, por lo menos en primera línea de consciencia, que todos los humanos son dignos de respeto, por mucho que a diario se siga pisando este principio tan elevado.

grupo chimpas en Fundación Mona

Imagen cedida por Fundación Mona

Pero queda un área de crecimiento moral, enorme en extensión, y clave por sus implicaciones, que apenas se ha comenzado a explorar: la dignidad animal. ¿Tenemos derecho a usar los animales para nuestro disfrute, para necesidades prescindibles, o para nuestra alimentación? ¿Por qué y hasta dónde nos sentimos legitimados?

La Fundación Mona (#fundaciomona) es testigo de nuestra absoluta falta de respeto por los primates, parientes cercanos, y las consecuencias que debemos pagar como sociedad. Hay que rehabilitarlos del maltrato porque es nuestra responsabilidad y porque afortunadamente la compasión también es natural en (algunos de) nosotros.

Si quieres saber más

La Fundación Mona

La historia de Víctor

 

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