La gramática de la felicidad

Everett, un misionero norteamericano, tras convivir casi 30 años con una de las últimas tribus aisladas de la Amazonía, hizo dos grandes descubrimientos:

Una lengua inusual por su sencillez. Sin números, sin formas verbales pasadas ni futuras, ni recursividad (la posibilidad de anidar una frase dentro de otra como en “Juan me dijo que Pedro hizo”). Esta última característica, por cierto, ha levantado una tormenta en el mundo académico, demostrando la fatuidad  y arrogancia de los supuestos buscadores de la verdad. Pero ése es otro tema.

El otro descubrimiento tiene que ver con ese peculiar lenguaje, o mejor dicho con la forma de experimentar la vida que conlleva. ¿Se puede vivir sin hacer referencia al pasado ni al futuro? ¿no limita en exceso? Para Everett fue una revelación que cambió su creencia. Veamos sus conclusiones y luego seguimos comentando. (extracto de vídeo de 2 minutos)

(Pulsa sobre la imagen para ver el vídeo)

Bien, no seré tan simplista de abrazar sin más el mito del buen salvaje.  A pesar de sus admirables cualidades, no debemos olvidar que las tribus amazónicas tienen su lado oscuro, como el hecho de que la mayoría utilizan la guerra con frecuencia y ferocidad.

Tampoco seré tan iluso de creer que la historia puede o debe caminar hacia atrás. No, nunca volveremos a ser estos indígenas, felices gracias a su inocencia. Hemos descubierto las ventajas y los sufrimientos que conlleva una civilización compleja. Pero estos atisbos, posiblemente los últimos, de lo que hemos sido, quizá nos ayuden a reflexionar lo que hemos perdido: la espontaneidad, la despreocupación, la transparencia, el desapego del pasado…

¿Es esto precisamente lo que llaman “el pecado original”? ¿Vivir tan volcados en el pasado y en lo que vendrá que el ahora se escapa entre los dedos?. ¿Es éste un precio inevitable al resto de ventajas que puede ofrecernos nuestra cultura? ¿O acaso deberíamos echar el freno, reflexionar mirando atrás, y recuperar lo valioso que se cayó por el camino? ¿A dónde, si no, nos llevará esta loca carrera, con su brutal balance de depresión (exceso de pasado) y ansiedad (exceso de futuro)?

Nuestra felicidad, como personas y como sociedad, probablemente deba construirse a base de inspiraciones tomadas de aquí y de allá, de la que saldrá una nueva forma de ser inédita. Pero solo una cosa tengo clara: el ahora debe recuperar su lugar, si no queremos llegar a la muerte sin apenas haber vivido.

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