Ni guerrero ni monje. A la vida plena se va por el camino del medio.

Estás en la búsqueda. Buscas ese estilo de vida que te haga sentir realizado, o como mínimo satisfecho de ti mismo. Si has investigado y visto un poco de mundo, te habrás encontrado frente a dos caminos que parecen diverger:

  • El camino del “homo executivus”. Te marcas unos objetivos, y con una combinación de determinación, visualización, disciplina, técnicas de productividad, un buen perfil de Linkedin y constancia, mucha constancia, acabas realizándolos… quizá con algún divorcio e hijos desatendidos por medio, un amago de infarto a los 50, o una bancarrota. Bueno, algún precio hay que pagar ¿no?
  • El otro camino es el del maestro zen-cerro: Huir del sistema y de la lucha de nuestro mundo loco, desapegándonos de todos, evitándonos mancharnos las manos de “humanidad”, dejándonos llevar, no teniendo consistencia ni proyecto alguno. Be water, my friend. Así alcanzarás la iluminación, sea lo que sea.

Sí, estoy caricaturizando, pero lo cierto es que ambas filosofías extremas, la obsesionada por los resultados, y la del espiritualismo laxo e incapaz de generar nada terrenal, es más fácil que te lleven a una grave crisis existencial que a una vida plena.

Pienso que ambas cojean, porque el óptimo está en el equilibrio. El hacedor suele pecar de exceso de acción y el espiritualista vive demasiado en las nubes.

La persona centrada consigue fluir, abrazando los zarandeos del destino y de sus propias pulsiones, sin por ello perder su rumbo. Su objetivo no es demasiado concreto. Se reduce a un puñado de criterios irrenunciables. Algo como “seguiré aquello que me apasione en cada momento, siempre que cumpla estos mínimos…”. Pero eso sí: es capaz de agarrar la caja de herramientas y construir lo que desea ahora, ya, con la rapidez y precisión con que un samurai maneja su espada.

En mi opinión, igual que los artistas han de manejar primero las técnicas convencionales, contrastadas, antes de crear su propio y original camino (Picasso es un ejemplo típico) el aspirante a zenmurai debe adiestrarse en la disciplina del hacedor, del capaz de realizar, antes de aprender a dejarse llevar como una hoja por el viento.
Claro que también hay personas del tipo creativo-disperso, que con la madurez aprenden a manejar sus riendas, se asientan y hacen más efectivos. Lo mismo da.

En mi caso, no me falta creación, pero necesito más realización. No obstante, prestaré atención a ambos caminos, y compartiré mis descubrimientos.

¿Con qué camino te identificas más? ¿en qué sientes carencias? ¿Estás de acuerdo en que la virtud está en el equilibrio?

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